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"Mi hijo muerde" solución de conflictos con los más pequeños

Actualizado: 27 feb

“Sobre los mordiscos de mi hijo”

No sé como solucionarlo lo intento casi todo ahora me muerde solo a mi. especialmente cuando esta emocionado A su padre nunca le muerde y a algún niño, pero no lo hace siempre...procuro estar bien y calmada pero hay días en q me ha mordido entre 6 y 7 veces...seguro que soy yo pero estoy perdida...



Antes de pensar en mordiscos me recuerdo a mi misma una vez más, que criar INCLUSIVAMENTE conlleva la inclusión de todos nuestros aspectos ocultos, mostrados en este caso por los niños en edad de ser criados.

Esta es la tarea que se hace más difícil de traer al día a día y solemos caer en posibles generalizaciones que nos distraen del objetivo principal:

Crecer educando y no “educar al crecimiento”

En el conocido libro de psicosomática “La enfermedad como camino” dice:


“Desde luego, los padres no tienen la culpa de los trastornos de los hijos, pero los trastornos de los hijos reflejan los problemas de los padres.”

Para mirar este reflejo con atención creo que basta con hacerse hondas preguntas que no siempre ponemos al alcance de nuestra mano, en este caso particular para que sirva de ejemplo, yo pregunto:

¿Qué significa: "Muerde cuando se emociona"?

Cabría aclararse uno mismo a que llamamos que el niño se “emocione” y si en ese caso la emoción la vivimos como algo “positivo” o “negativo”.

Si mi hijo muerde a menudo cuando se emociona de amor y no lo hace en modo alguno lastimando, simplemente es una muestra de juego “animal” maravilloso que lo descarga y lo conecta con el otro, creo que solo basta con que yo pueda transmitirle a través del juego que yo mism@ puedo morderlo sin hacer fuerza (es así como nos conectamos corporalmente como las lobas con su cría: cuando la cría se pasa de fuerza, la misma loba la empuja y la rechaza un momento hasta que vuelven a jugar, de este modo la cría va aprendiendo cual es la “fuerza permitida” en su manada para que ello no implique un comportamiento agresivo).

Visto desde este punto de vista este “juego corporal” de morder potencia las experiencias sensitivas, permite conocer el propio cuerpo y el de mi compañero de “juego”, descargar energía, conectarse más allá de lo mental y con suerte, si este tipo de contacto se mantiene desbloqueado en el futuro, será una impronta maravillosa que permitirá un mejor dialogo con la propia sexualidad y sensualidad del individuo, etc.

Si por el contrario muerde con ahínco y frenesí, con fuerza y/o enfado cabe seguir preguntándose:

¿Muerde con rabia cuando está frustrado? ¿Y qué ha sucedido antes de que muerda?

-O…¿Cómo estabas tu internamente con su papá?

El acto de morder descarga “agresividad”, la agresividad por otra parte no necesariamente es “violencia” sino la capacidad de “ir hacia…”, Incluso una capacidad necesaria para la creación, para el acto sexual y todos los actos reproductivos o creadores que realizamos en nuestra vida.


Gran parte de los estados hoy llamados “depresivos” están relacionados con un brutal bloqueo previo de la agresividad que lleva al individuo a “aparcar” esa posibilidad maravillosa e intrínseca de “ir hacia la vida, hacia la acción , hacia el movimiento vital”.

Nos morderíamos tanto las uñas, nos morderíamos de noche o nos sentiríamos tan enfadados habitualmente si en lugar de haber sido castigados; mal mirados o “NO INCLUIDOS” por alguna conducta agresiva, mamá o papá (con algún buen trabajo personal encima) se hubieran sentado de nuestra parte…a nuestro lado poniendo palabras a lo que estábamos sacando a la luz de sus propias emociones o rabias escondidas.

Y si siendo mayores nos hubieran acompañado pacientemente a descubrir que nos había llevado a esa emoción? (generalmente a partir de los 3 o 4 años cuando los niños ya no están tan fusionados está claro que en muchos momentos son sus propias rabias o frustraciones las que salen a la luz)

De ello se desliga otra pregunta:

¿Muerde si está plenamente incluido o en cambio lo hace si antes fue apartado porque hizo algo "fuera de lugar"?

Es evidente que si las expresiones de rabia son previamente bloqueadas este niño (con gran sabiduría) buscará las vías de escape necesarias para poder “drenar la infección” a tiempo antes de que eso se transforme en un estrés perjudicial para su organismo.

Esto lo hacemos en gran medida “todos los animales”!!!

Cada familia y cada persona vive situaciones diferentes, en este caso conozco bastante de cerca vivencias por las que ha pasado el niño (para ejemplificar: va a una guardería en el mismo lugar donde su mamá es maestra y desde que era muy bebé tuvo que “aguantar” que aunque mamá está allí no puede acceder a ella con la fluidez que todo bebé hubiera deseado, mamá a la vez ha tenido bastantes momentos de rabia por encontrarse en situaciones en las que las demás maestras no aplican la pedagogía del modo en que ella lo hubiera preferido, dejándolo llorar entre otras cosas y sin embargo verse aún más limitada de poder expresarlo porque las mismas sean sus propias compañeras de trabajo, esto sumado a su historia personal, hacen que la capacidad que en apariencia está encontrando su hijo para gritar BASTA! Sea maravillosamente sana)…entonces aquí viene una pregunta muy importante!!!


¿Y que haces tú cuando muerde?

Porque… sinceramente…situaciones difíciles pasamos todos, por suerte también nos permiten abrirnos paso en la vida, hacernos fuertes, obtener herramientas fructíferas para el aprendizaje, pasar nuestra experiencia, aprender a comunicarnos con otros, incluso a base de ensayo y error (está claro que si muerdo hay algunas consecuencias, por ejemplo a mamá no le va a gustar, papá me pone cara de perro o el compañerito llora porque le hice daño). Lo que yo creo que cabe preguntarse aquí es cómo encontrar maneras de transmitir a nuestros hijos las consecuencias que tienen sus actos sin que por ello sea necesario (ni siquiera internamente) “DEJARLOS EN EL RINCÓN”. Si puedo simplemente afirmar: “esto me ha dolido, ahora ya no quiero jugar por un rato”

Si podemos responsabilizarnos de la parte que a nos toca, de la cara de la moneda que yo puedo ver y para la que el niño no tiene palabras, estaremos todos más cerca de que hijos y padres podamos ser realmente honestos con nosotros mismos.

Hoy nosotros. Mañana nuestros pequeños…Tendremos la enorme posibilidad de preguntarnos a nosotros mismos qué nos sucede Y encontrar las respuestas más cercanas al corazón que a la cabeza.

En el momento en que las mordidas se pongan “feroces”!!! podríamos decir, por ejemplo: Hoy yo me siento rabiosa, estoy cansada, quiero que alguien me sostenga y me abrace a mi y no tengo más fuerza para seguir, por ello he desconectado muy probablemente, quise hacer de cuenta que todo estaba bien y sin embargo aquí me tienes…querría estar mordiendo a todo el barrio, Y fíjate como …tu lo haces por mi.

Ahora lo veo. Estas libre y yo llevo esa carga. Tu eres el pequeño y yo la grande (dirían las constelaciones familiares)

Normalmente estos ejercicios a conciencia, no pasan desapercibidos. En menos de 10 días cuando mamá emprende realmente esta actitud en su interior los niños se ven liberados de esa fuerza.

No se trata de tener vidas idílicas o de no expresar lo doloroso. En absoluto.

Creo que se trata de animarse a encarar vínculos profundos, verdaderos, arriesgados, en los que podamos decirnos lo que duele sin necesidad de que el otro caiga en el olvido.

El mejor rinconcito para empezar a tejer estos vínculos es con nuestros hijos y con nuestras parejas. Con quién podríamos sino, haber tenido un acercamiento más intimo?

Los animo a probar…el trabajo es duro pero los frutos dulces y los mordiscos llenos de amor.

Gracias a las Mamás de Crecer Criando por hacer crecer cada día este proyecto…y a mi de rebote!!!



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