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Ideas creativas a la hora de poner límites

Actualizado: 21 feb

Crecer Criando- Límites para familias conscientes

El mejor modo de educar a nuestrxs hijxs es educarnos a nosotrxs mismxs.



Aun me sorprende la premisa de “saber previo” con la que los adultos nos situamos frente a los niños. Creo fervientemente que esto es lo que nos deja a todos “fuera de juego” de la posibilidad de nombrar lo que sucede sin juzgarlo y de aportar a nuestros hijos la mayor cantidad de herramientas para que afronten la experiencia de la vida como tal…pura experiencia.

Si deseamos tener una familia consciente no podemos escapar a la importancia de recordar que NO SABEMOS NADA, que no somos mejores frente a nuestros hijos, que no siempre tenemos la respuesta adecuada para cada cosa.



Muchas familias nos preguntamos como establecer

límites conscientes


La labor paterna/ materna tiene la importante función de nutrir, guiar y contener . También debemos recordar que los límites son una parte inherente de la vida y la vida misma es quién los va mostrando paso a paso. Si tenemos la capacidad de guiar y contener ese proceso amorosamemte todo parece mucho más fácil y fluido. Cuanto más nos empeñamos en forzarlo más difícil se hace para grandes y pequeños.

Quienes “educamos”, tenemos que mirarnos y reeducarnos otra vez, antes de enfadarnos porque tal o cual tarea no está realizada de la manera que a nosotros nos parece “adecuada”.

En la vida cotidiana con los niños, quizás sería interesante anteponer varios “plurales solidarios” a los constantes modos imperativos con los que creemos o pretendemos “guiar” la vida de nuestros hijos. Siempre es mucho más productivo para todos un solo “vamos a lavarnos los dientes” antes que quince “ ve a lavarte los dientes” , sucedido por supuesto de los posteriores “castigos” porque evidentemente no logramos nuestro objetivo y por supuesto el plural refuerza mucho más la autoestima y sensación de contención de nuestros hijos.

ES hora de que nos preguntemos padres, maestros y educadores que ha faltado? Que se nos ha pasado por alto? Donde estuvo nuestro fracaso para poder comunicar a nuestros pequeños aquello que creemos indispensable y porque en cambio nos encontramos todo el tiempo luchando en un tira y afloje sin sentido.



Mi hija de 5 años comenzó a ir a natación hace poco. Comparado a la dinámica que en su colegio de educación libre (escola dels encants) suele haber en las clases, quizás esta clase tenía un modelo más “habitual” de funcionar. Al salir le pregunté como le había ido y me respondió lo siguiente:

-La clase estaba bien mami, pero los profesores lo hacían todo como muy complicado.
-Porqué Luna?
-Y… porque había que hacer filas para todo, los niños peleaban por estar primeros en la fila y los profesores para que los niños no se salieran de la fila

Os podéis imaginar que catedra de educación tan lúcida y básica me impartió!!! Es tan simple que si hiciéramos esfuerzos por aprenderlo de memoria nos costaría!!!

También los padres tenemos “pocos límites”, normalmente nos olvidamos de la posibilidad de que los hijos son nuestro propio espejo, proyectamos en ellos lo que no nos gusta o no podemos ver en nosotros mismos y entramos “en campo de batalla” con niños y adolescentes en lugar de propiciar terrenos cooperativos entre todos y de preguntarnos qué hemos hecho para construir el espacio que habitamos y la comunicación que utilizamos.

Cómo siempre prefiero dedicar el tiempo de estas palabras para dar al menos algunas ideas para constituir familias conscientes con las bases de lo que llamo “crianza inclusiva” Sugiero probarlos lo más científica y prácticamente posible, es decir con base en la experiencia y sin olvidar que la “paciencia es la madre de la ciencia”




Revisar algunas escenas en la vida cotidiana


Es común que niños y adultos lleguemos a casa cansados, la mayoría de las veces con hambre y habiendo pasado más horas desconectados de lo que nuestro corazón y cuerpo podían tolerar. Los adultos lo disimulamos. Hemos aprendido a seguir adelante, a no escucharnos, a seguir más la cabeza que el corazón. Sin embargo los niños son implacables en ello. A veces llegamos a la instancia en que padres e hijos hemos pasado tiempo comprando, cansados, con hambre, sin escucharnos. Estamos todos enfadados, los niños comienzan con el famoso y estandarizado “berrinche” al cual los adultos en general ponen en práctica la famosa etiqueta de: se porta tan mal, este niño necesita límites.

Mientras tanto nuestro querido “hijoespejito” nos muestra que por el momento hay hambre, sueño y desconexión y nos lo muestra como puede. Es fácil enfadarse o reñir al niño, sin embargo a largo plazo esto es mucho más costoso… se los aseguro. Quien es el responsable de llegar a esa instancia?. Una simple revisión de estas y otras situaciones nos ayudarían a dar marcha atrás antes de tiempo para que los límites de hambre o cansancio sean mucho más evidentes para los adultos y nos ayuden a PARAR A TIEMPO antes de la necesidad de los berrinches o los pedidos desplazados a las chucherias o las compras.

El siguiente ejercicio lo denomino:

Te miro (ejercicio para ayudar a mantener una atención exclusiva y tomar responsabilidad en los asuntos de la familia)

A muchas madres nos cuesta conectar a fondo. Venimos de historias de mucho desamparo (como ampliamente explica Laura Gutman, entre otros) y nos es muy difícil mantener nuestra atención exclusiva con los hijos. Creo que esto podemos detectarlo muy fácilmente a través de la mirada. Si estamos desconectados nos cuesta mantener la mirada con otro. Los hijos nos “llaman” incontables veces durante una tarde (si hiciéramos la prueba con una grabación en casa nos asustaríamos de escucharla luego). Propongo así, utilizar la mirada como punto de anclaje. TE miro. Si nos cuesta, también podemos decirlo a nuestros hijos cuando piden algo: te miro. Eso nos servirá a nosotros como llamado de atención y también a nuestros hijos como punto de referencia para saber que estamos conectando.


Ser honestxs y pedir disculpas


Cuanto nos cuesta realmente mirarnos adentro, hoy en día enfrentamos con más facilidad una visita al médico clínico que nos receta un antidepresivo o un ansiolítico, de lo que nos comprometemos en un proceso de indagación de nuestra propia realidad y nuestra historia de fondo. Pareciera más fácil y por cierto mucho menos doloroso, tomarnos una pastilla, pegarle un grito a un niño o ponerle una etiqueta de “mal-criado”, llevarlo al pedagogo de la escuela porque el o ella “tiene” un problema, que hacernos al menos un par de preguntas de fondo. Creo que si no nos conocemos a nosotros mismos es imposible que pretendamos lograr relaciones profundas y claras y convivir con unos niños y adolescentes relajados y en paz con lo que hay; viviendo su experiencia y libres de etiquetas que los encasillen.

Siempre digo que sería importante “proteger a los hijos de nosotros mismos”. Si ya conocemos bastante nuestras debilidades…para que tenemos que disimularlas ante nuestros hijos? No se trata de que les cuente todas mis penas ni mucho menos. Sin embargo si se que me cuesta mantener mi atención exclusiva puedo decir por ejemplo: “me distraigo con facilidad, te miro, si me distraigo me avisas”, entonces ya tenemos esa clave, en cuanto yo desconecto mi hij@ simplemente TIENE LUGAR PARA NOMBRARLO.

Tengo una alumna a la cual su hija de 9 años, le toca un punto en la oreja que entre las tres hemos acordado, cuando no la está escuchando. No es garantía…se repite y ella vuelve a no escuchar, pero la niña tiene claro que mamá está en ello, que estamos todos aprendiendo, que su madre se hace cargo de su propio aprendizaje y de su propio crecimiento y ella se queda libre para jugar. Desde el proceso ha dejado de hacer berrinches y despertarse con miedo por las noches, verdaderas preguntas que se hizo su madre en un proceso terapéutico profundo y un punto en la oreja que sirvió de alerta!!


Seguro que los “viejos mecanismos” vuelven a activarse una y otra vez, sin embargo es menester tomar nuestra total responsabilidad en los asuntos que generamos en nuestra familia y sobre todo…aunque nos parezca tarde, saber pedir disculpas es de vital importancia. Porque esto libera mucho peso y también nos recuerda a todos…que TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS, ADULTOS Y NIÑOS…ESTAMOS SIEMPRE APRENDIENDO Y POR SUERTE TAMBIEN GRACIAS A LOS ERRORES LLEGA EL APRENDIZAJE. Si esto lo transmitimos a nuestros hijos, en lugar de bloquear la experiencia o catalogarla diciendo: lo has hecho mal, reforzaremos su capacidad de aprendizaje y autoestima simplemente mostrando que nosotros podemos equivocarnos y por supuesto…ellos también.








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